La dermatitis atópica suele asociarse con la infancia. Sin embargo, en Colombia la prevalencia en adultos se estima entre el 7 % y el 11,5 %, una cifra que contradice la idea de que se trata de una enfermedad que “se supera con la edad” [citation:2][citation:5]. Muchos adultos que nunca tuvieron eczema en la infancia reciben el diagnóstico después de los 20 o 30 años, y otros continúan con síntomas que se creían resueltos.
Entender que la dermatitis atópica es una condición crónica, inflamatoria y recurrente —no una simple “piel seca”— es el primer paso para un manejo adecuado. En este artículo revisamos por qué aparece en adultos, cuáles son sus desencadenantes y qué opciones terapéuticas existen hoy.
¿Qué es la dermatitis atópica y por qué persiste en la edad adulta?
La dermatitis atópica (DA) es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel. Su característica central es una alteración de la barrera cutánea que permite la entrada de irritantes y alérgenos, lo que desencadena inflamación y picor intenso [citation:3].
La creencia de que la DA “desaparece” en la adolescencia es parcialmente cierta. Según datos de la Asociación Colombiana de Dermatología, alrededor del 60 % de los pacientes logra remisión durante la adolescencia [citation:3]. Pero eso significa que un porcentaje significativo continúa con síntomas en la vida adulta, o los presenta por primera vez después de la pubertad.
En Colombia, un estudio de base poblacional encontró una prevalencia de síntomas de DA del 7,2 % en adultos, con variaciones por ciudad: Medellín registró una prevalencia del 8,5 %, una de las más altas del país .
Síntomas en adultos: no siempre es el mismo eczema de la infancia
La presentación clínica de la DA cambia con la edad. En los niños pequeños es típica la afectación de mejillas y superficies extensoras. En los adultos, el patrón es diferente.
Las manifestaciones más frecuentes en la edad adulta incluyen:
- Liquenificación: engrosamiento de la piel con acentuación de los pliegues, resultado del rascado crónico. Es especialmente común en flexuras (pliegues del codo, hueco poplíteo) y en la nuca.
- Xerosis intensa: sequedad generalizada que no mejora con cremas convencionales.
- Afectación de manos y párpados: el eczema de manos es frecuente en adultos y puede confundirse con dermatitis de contacto. El compromiso palpebral también es característico y suele pasar desapercibido.
- Prurito persistente: el picor es el síntoma cardinal. En adultos puede ser más intenso por la noche, afectando el sueño y la calidad de vida.
- Lesiones por rascado: excoriaciones, costras y, en pieles morenas, hiperpigmentación postinflamatoria.
Un dato importante: la DA de inicio en la edad adulta (después de los 18 años) representa aproximadamente una cuarta parte de todos los casos [citation:14]. Esto significa que muchos adultos que consultan por primera vez no tienen antecedentes pediátricos de la enfermedad.
Desencadenantes que debes conocer
La DA no tiene una causa única. Es el resultado de la interacción entre predisposición genética, alteraciones de la barrera cutánea y factores ambientales. Sin embargo, identificar los desencadenantes personales permite reducir la frecuencia y severidad de los brotes.
Los más relevantes en el contexto colombiano son:
- Estrés: es uno de los principales factores de exacerbación. El estrés sostenido incrementa el prurito y prolonga los brotes. Estudios recientes muestran que cerca del 39 % de los pacientes con enfermedades cutáneas crónicas presenta estrés significativo asociado [citation:1].
- Clima y sudoración: el calor y la humedad de regiones como Antioquia favorecen la sudoración, que irrita la piel con barrera alterada. Los cambios bruscos de temperatura (aire acondicionado y exterior) también empeoran los síntomas [citation:11].
- Irritantes y alérgenos: jabones perfumados, detergentes, telas sintéticas, lana y algunos conservantes cosméticos.
- Infecciones cutáneas: la colonización por Staphylococcus aureus es frecuente y puede desencadenar brotes.
- Factores hormonales: algunas mujeres reportan empeoramiento durante el ciclo menstrual o el embarazo.
Opciones terapéuticas actuales: más allá de los corticoides
El tratamiento de la DA se escalona según la severidad. El objetivo no es “curar” la enfermedad —hasta ahora no existe una cura definitiva— sino controlar la inflamación, restaurar la barrera cutánea y prevenir brotes.
Manejo base para todos los pacientes:
- Hidratación intensiva: emolientes sin fragancia, aplicados al menos dos veces al día y especialmente después del baño. Son la piedra angular del tratamiento, no un complemento opcional.
- Baños cortos con agua tibia: evitar agua caliente y jabones irritantes.
- Fotoprotección: la radiación UV puede desencadenar brotes en algunos pacientes, aunque en otros la exposición solar controlada mejora los síntomas. La recomendación debe individualizarse.
Tratamiento de los brotes:
- Corticoides tópicos: siguen siendo la primera línea para el control de la inflamación aguda. La elección de la potencia depende de la zona del cuerpo y la severidad. Deben usarse por períodos limitados y bajo supervisión médica.
- Inhibidores de calcineurina tópicos (tacrolimus, pimecrolimus): alternativa a los corticoides, especialmente útil en zonas sensibles como cara y párpados, y para el mantenimiento a largo plazo.
- Crisaborol tópico: un inhibidor de la fosfodiesterasa-4 aprobado para DA leve a moderada. La guía colombiana de práctica clínica 2024 lo incluye entre las opciones con evidencia [citation:6][citation:9].
Opciones sistémicas para casos moderados a severos:
- Dupilumab: anticuerpo monoclonal que bloquea la vía de la interleucina-4 e interleucina-13. Ha demostrado eficacia significativa en adultos con DA moderada a severa y está incluido en las recomendaciones de la guía colombiana [citation:6][citation:9].
- Inhibidores de JAK (abrocitinib, upadacitinib): fármacos orales de última generación que también forman parte del arsenal terapéutico actual para casos seleccionados [citation:6].
- Fototerapia: la radiación UVB de banda estrecha puede ser útil en pacientes con enfermedad extensa que no responden adecuadamente a tratamientos tópicos.
Es importante subrayar que estas terapias requieren evaluación dermatológica. No son de venta libre ni deben automedicarse. La guía de práctica clínica colombiana de 2024 hace énfasis en la necesidad de individualizar el tratamiento según la edad, la severidad y las comorbilidades de cada paciente [citation:6].
Cuándo consultar al dermatólogo
La dermatitis atópica en adultos no siempre es fácil de distinguir de otras formas de eczema, como la dermatitis de contacto o la dermatitis seborreica. Un diagnóstico preciso cambia el enfoque terapéutico.
Se recomienda consultar cuando:
- El picor interfiere con el sueño o las actividades diarias.
- Los brotes son frecuentes o requieren corticoides tópicos de forma casi continua.
- Hay signos de infección (costras amarillentas, supuración, dolor).
- La piel se engrosa o se pigmenta de forma persistente por el rascado.
- Los tratamientos de venta libre no controlan los síntomas.
Si sospechas que tienes dermatitis atópica o si llevas años lidiando con brotes recurrentes, consulta con un dermatólogo certificado. En la Sociedad Antioqueña de Dermatología puedes encontrar especialistas en toda la región. También puedes explorar más contenido educativo en nuestra página de blog o contactarnos a través de nuestros canales institucionales.
La dermatitis atópica en adultos no es una sentencia de sufrimiento permanente. Con un diagnóstico correcto y un plan de manejo individualizado, la mayoría de los pacientes logra controlar la enfermedad y mejorar significativamente su calidad de vida.



